Adolfo, te presento a tu Locus de Control

Adolfo acudió hace unos meses a mi consulta. Recuerdo la primera vez que hablé telefónicamente con él, fue una conversación con cierta tensión, su voz sonaba fría, fue muy directo y con frecuencia me cortaba cuando yo hablaba; él contactó conmigo debido a que se daba cuenta de que estaba teniendo problemas en sus relaciones interpersonales, conflictos, sobre todo con personas de su entorno laboral, siempre había sido así, pero por el cargo que ocupaba en ese momento, no se lo podía permitir.

Aquel primer martes a las 9.00 A.M. llegó puntual, serio, con un impecable aspecto, con su traje, su pelo engominado,… a nivel externo su imagen era impoluta, parecía sacado de un catálogo de moda. En cuanto entró en la sala, sus ojos no paraban de analizar el contexto, al igual que hizo conmigo en cuanto le abrí la puerta; necesitaba analizar y en la medida de lo posible controlar donde y con quién estaba.

Antes de comenzar la sesión, me pidió si podía hacerme algunas preguntas y prácticamente me hizo un interrogatorio de primer grado a nivel profesional; una vez calmó sus incertidumbres respecto de mi trayectoria profesional, pudimos comenzar, algo más relajado pero aún en estado de alerta.

Adolfo era Director de Compras de una empresa del sector alimentación, a nivel técnico era muy bueno desempeñando sus funciones pero en cuanto a inteligencia emocional presentaba verdaderas carencias. Con 38 años, nunca le había preocupado este tema, pero desde hacía unos meses sus jefes lo habían reunido varias veces recriminado sus formas a la hora de relacionarse y tratar conflictos con su equipo, compañeros y proveedores.

La carencia de empatía de Adolfo se detectaba a la legua, pero lo que a mí más me llamaba la atención era un rasgo de su personalidad sumamente extremo, su Locus de Control externo.

Llegado este punto, os introduzco en el término para que podáis entender muy bien la repercusión que puede tener a nivel vital. El locus de control hace referencia al grado en que un sujeto percibe el origen de los acontecimientos y de su propio comportamiento, de manera interna o externa a él. Por lo cual, cuando hablamos de Locus de control interno, nos referimos a que tenemos la percepción de que los eventos ocurren como efecto de nuestras propias acciones; nuestras acciones controlan nuestra vida. Por el contrario, cuando hablamos de Locus de control externo, nuestra percepción es que los acontecimientos ocurren por causas externas a nosotros: destino, decisiones de otros, casualidad… En definitiva que los acontecimientos no dependen del esfuerzo y dedicación propios

Adolfo se caracterizaba por un marcado locus de control externo:

  • La mayoría de problemática que encontraba a nivel profesional se debía al resto de personas que intervenían en el proceso de trabajo.
  • Nunca reconocía los logros ni los méritos de sus colaboradores, los atribuía a la suerte.
  • Era totalmente negativo, cuando en las sesiones le planteaba alguna estrategia personal para cambiar sus circunstancias actuales, siempre evidenciaba la opinión de que por mucho que se esforzara o tratara cambiar no sería suficiente, no sería posible, porque influían demasiados aspectos externos.

Era evidente que la falta de empatía junto con este grado de locus de control externo hacían de Adolfo una persona con una actitud pesimista, habitualmente estresado y con un escaso autocontrol para afrontar situaciones de conflicto. Le dominaba la sensación de impotencia, se sentía atrapado, pensando que hiciera lo que hiciera, como no dependía de él, no podría cambiar su situación.

Tras esa fachada impoluta y segura de sí misma, se encontraba un hombre con una autoestima baja que no sabía como gestionar sus circunstancias, su actitud, su pensamientos, infeliz por ello, enrabiado y con mal carácter.

Cuando le fui explicando lo que le ocurría, y conforme lo iba entendiendo, empezó a confiar algo más en mí, y creo que algo más en él también. Establecimos un plan de acción: tuvimos que analizar y desglosar situaciones, estresores, hacer ejercicios de aceptación y trazar planes de acción en diferentes ámbitos de su vida.

Paralelamente, entrenamos la empatía y las habilidades sociales y empezó a dar pasos, afortunadamente comenzó a sonreir en las sesiones, dejó de ser tan intolerante, hacía planteamientos espontáneos que suponían reconocimiento a sus colaboradores, empezó a pedirme pautas para motivar a sus empleados, a leer sobre liderazgo de equipos ,… en definitiva el cambio de actitud le llevó a obtener resultados y a implicarse muchísimo en las sesiones.

Ayer mismo recibí un mail de Adolfo, donde asombrado me contaba como sus compañeros le habían prepararon una comida sorpresa por su cumpleaños, ni se lo podía creer, se sentía especial, aceptado y valorado; creo que este hecho lo resumen todo.

Adolfo a nivel personalidad y actitud, ya es otra persona, ahora sabe, porque lo ha vivenciado, que la mayor parte de sus logros van a depender de él, es consciente de la importancia de escuchar a sus colaboradores, de dedicarles tiempo, de formarlos, motivarlos, sabe que los conflictos tienen unas causas muchas veces tangibles que se pueden atajar, de las responsabilidades individuales y de que él controla su destino, él es responsable de sus éxitos y de sus fracasos.

Me gustaría cerrar este post diciéndote que ha sido un placer trabajar contigo estos meses, apostaste en este proceso sin confiar plenamente en que pudieras hacer progresos (aún recuerdo tu cara cuando te hablaba del Locus de control por primera vez), y aún así pusiste toda la carne en el asador. Gracias y enhorabuena por tu esfuerzo.

2 Comments
  • Laura
    Posted at 20:37h, 19 julio Responder

    Yo quisiera ir a verte.

    • Emma Trilles
      Posted at 17:18h, 20 julio Responder

      Hola Laura, contacta conmigo y hablamos. Mis datos de contacto son 673412351 o emma@emmatrilles.com. Saludos

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