Psicologa Life Coach Valencia Emma Trilles

Su gratitud, mi recompensa

La semana pasada estábamos grabando un video, para un nuevo apartado de mi web, con el testimonio de una persona con la que tuve el placer de trabajar durante algo más de un año. De repente, surgió un hecho inesperado o no previsto,… llegó la emoción, aparecieron las lágrimas y el abrazo se hizo imprescindible. Esto me hizo reflexionar sobre ello.

                            

Ésta es mi verdadera recompensa, la gratitud que me demuestran habitualmente las personas con las que trabajo. En ocasiones, cuando me preguntan a que me dedico, sinceramente no me es fácil explicarlo con exactitud. Recuerdo que hablando un día con un amigo coach me dijo “Emma, tú haces “Psicocoach””. Quizás sea ese el término o quizás otro, lo bien cierto es que mi objetivo como profesional no es otro que lograr que las personas que vienen a mi despacho TENGAN UNA VIDA MÁS PLENA; Y lo digo en mayúsculas y en negrita porque es mi verdadero objetivo y para ello utilizo todos los recursos de los que dispongo; me puedo quedar en la superficie o profundizar hasta niveles máximos, siempre de un modo consensuado y por supuesto, siempre y cuando se me permita. Por ello, en ocasiones utilizo sesiones exclusivamente con técnicas de coaching, en otras únicamente con terapias psicológicas y, ganando más protagonismo a lo largo de los años, las sesiones mixtas.

Cada persona tiene una vida pasada, una personalidad distinta, necesidades y urgencias diferentes, unas exigencias concretas… A partir de ese conocimiento previo, comienza el diseño de una estrategia personalizada que me ayuda a que podamos trabajar y obtener los resultados, planteados durante esa primera sesión, en cada una de las sesiones posteriores.

Estos últimos días, a raíz de la grabación de varios testimonios, he estado haciendo memoria de las personas con las que he trabajado. Cuando echo la vista atrás y analizo a las ciento de personas con las que he tratado y acompañado, soy muy consciente de las distintas técnicas, metodologías, estrategias que he tenido que utilizar y, si pienso en aquello que es común a todas las personas y fundamental para que el proceso o terapia llegue a buen puerto, hay algo imprescindible que es ese vínculo de confianza que se crea entre ellas y yo y que es totalmente necesario para trabajar codo con codo.

Las personas somos una infinita suma de emociones. Hay quienes se empeñan en encerrase en su mundo, en poner barreras… no son conscientes de que sentirse vivo es todo lo contrario, es ser capaz de expresar sin temor ni miedo. Cuando nos damos cuenta de ello, cuando aprendemos a hacerlo, cuando somos capaces de poner nombre a nuestras emociones, cuando las expresamos y las aceptamos, en ese momento estamos preparados para empezar un proceso de cambio, un proceso de crecimiento personal.

Cuando leo que en Japón, país donde dar rienda suelta a las emociones puede considerarse algo vergonzoso, existe ya algún hotel que ofrece a modo de prueba piloto “habitaciones del llanto” como un lugar donde las mujeres puedan desahogarse en soledad, la verdad… me aterra.

Muchas personas opinan que expresar sentimientos es una muestra de debilidad o de vulnerabilidad. Seguramente esas personas olvidan que el ser humano es principalmente un ser emocional y sentimental por lo que las consecuencias de esta represión puede derivar en enfermedades psíquicas y físicas importantes (migrañas, gastritis, tumores, psoriasis,..).

Hoy recuerdo especialmente las primeras sesiones con la protagonista del video. Me impactó su exigencia, su frialdad a la hora de hablar o la dureza de sus expresiones pero a medida que avanzamos en la terapia, se iba liberando y por fin un día, un gran día, fue capaz de llorar delante de mí. Ese fue un gran logro. Ese fue el inicio, el primer paso que le permitió mostrar sus debilidades sin miedo. Poco a poco fue apareciendo su otra cara, su dulzura, sensibilidad, su sonrisa, su aceptación… y todo ello le permitió dar pasos hasta reencontrarse de nuevo consigo misma.

El camino no fue fácil. Lo recuerdo perfectamente. Supuso un gran esfuerzo por parte de ambas pero sobre todo, por la suya. Sin duda, el abrazo espontáneo que ha quedado grabado en este video hace que sobren las palabras… Ésta es mi mejor recompensa.

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